Siguiendo la luna sin ti

13 de enero de 2025

 Hubo un día que asemejé a la luna contigo.

¿Quién podría estar más perdido en el amor que quien recuerda a otro con solo mirar la luna?

No podría haber sido más desgraciada esa noche: asemejar la luna con tu rostro.

Si ella no le pertenece a nadie, pero esa noche tenía tu nombre, tu olor, tu luz y tu sombra.

Era un lunes, empezaba la semana.

Era un enero, empezaba el año.

Era un 13, una fecha de mal augurio.

No tenía por qué seguir recordándote.

Me había prometido olvidarte y lo estaba logrando.

Miré la luna y te culpé.

Parecía entera, se percibía llena pero no, no lo estaba porque no estabas.

Nunca más vas a estar porque me hiciste lo peor que podrías hacerme: me hiciste odiarte.

"¿Por qué hiciste eso?" —me lo preguntaba con tanto deseo de que alguien me lo respondiera—.

Entre tantas cosas que podías haberme hecho, me hiciste sentir que te odio mientras miro la luna llena y resuena en el fondo:

"No es que tu mirada me sea imposible, tan solo es la forma como caminás". Obvio, porque caminás sin mí.

Sabiendo que yo te hubiera bajado el sol y por ti me hubiera hundido en el mar.

Con una lena llena te amé junto al río La Miel.

Esa noche también te odié mientras ambos mirábamos la luna llena.

Te odié porque eras fácil de odiar y luego eras tan fácil de amar, y luego al vesre.

Pero ese lunes 13 de enero, solo se sentía en una dirección: te odiaba por hacerme odiarte.

Es tu culpa. Primero fue tu culpa.

Luego fue mía la culpa cuando ya sabía que era tu culpa.

Esa noche te amé, te odié mientras te rodabas por un peldaño embriagado de amor por mí.

Te recogí entre risas y rabia.

Esa caída y esa rodada era como nosotros mismos: para abajo y de forma cíclica, nunca hacia arriba.

Te recogí porque siempre me tocaba recogerte.

Si nos parábamos era solo porque yo te tendía la mano.

Tú seguías cayéndote y rodándote.

Nunca quisiste pararte, solo lo hacías porque yo te tendía la mano y usaba toda mi fuerza.

Pero un puente no se sostiene de un solo lado como decía Cortázar.

Pero en esas caídas y esas rodadas nada importaba porque te tenía al lado.

Ese día te embriagaste y me declaraste el amor que siempre te daba miedo declarar.

El amor que tus ojos siempre me declaraban sin que tuvieras que decir nada, solo suspirar y mirarme.

Yo parecía creérmelo.

Le creí a tu mirada al lado del Río La Miel.

Me cantaste Siguiendo la luna.

Miramos entre árboles a esa misma luna llena que hoy se posa frente a mí haciéndome recordarte con vileza.

¡Qué desgracia la de un ser que recuerda a otro con la luna, a otro que se hizo odiar después de haber sido amado!

Tenemos una fotografía abrazándonos bajo esa luna llena y al lado del Río La Miel.

También teníamos el olvido hasta esta noche de luna llena, luna que te enrostra, me mira desafiante y me canta a pulmón herido entonando al Ruiseñor de América:

"Odio quiero más que indiferencia, porque el rencor hiere menos que el olvido".

Yo que no he querido odiar, mucho menos odiar-te.

Yo que solo he buscado amar y amar-te.

Yo que repito mantras de amor bondadoso en las noches de luna llena.

Heme aquí odiándote solo porque la luna está llena un lunes de enero y me recuerda que el amor que tuvimos esa noche junto al Río La Miel, no lo volveremos a tener en una noche de luna llena.


Comentarios

Entradas populares de este blog

La gota fría

Veintinueve otoños

El occiso